Desde lejos veía
las señales, todos los semáforos estaban
en rojo y parpadeaban. Un árbol de
navidad luego de navidad, sin regalos, sin adornos. Tampoco podía dejar de esperar que bajará el
viejo, también rojo, con algo que le diera alegría a mis días.
Deseaba tanto la felicidad que cualquier cosa
encendía las luces verde esperanza.
Donde quiera veía caballeros en unicornios dispuestos a rescatarme, bajándome
de la torre alta de mis orgullos y quimeras.
Pero todo era falso, las fantasías estaban sólo en mi cabeza. No había castillos, caballeros, o regalos que
cambian la vida … entonces lloraba abrazada a mí almohada preguntando ¿por qué,
por qué?
He tenido que seguir adelante, con la
careta de gran sonrisa y cabizbaja por dentro.
